No les votes

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La norma occidental no aplica a todo el mundo

La nación yanqui acaba de asumir un segundo período presidencial a un versátil hombre de relaciones públicas. 

El esquema de elecciones de esa país tiene 200 años de antigüedad y para ellos, con muy buenos resultados. Tienen a su pueblo adormecido de que son una gran nación aunque vivan del subsidio o de la opresión a terceros países, con tal de sostener su estilo de vida.

Otros países han adoptado el esquema también con muy buenos resultados, y otros, como la comunidad de origen anglicano, también. No es así en el resto del mundo, y el resto del mundo somos la mayoría. Países islámicos ejercen su gobernanza con patrones ancestrales que no van a derribar sólo porque a la aristocracia política mundial le parece retrógada. Otros países asiáticos tampoco van a romper sus consensos sólo por exigencias geopolíticas de los países occidentales.

Pero no es nuestro caso. Lamentablemente, nuestra clase política padece de una grosera dependencia de modelos e ideas ajenas a nuestra cultura. Nosotros, que nos despojaron de nuestras comunidades y ejidos ahora nos imponen el “deber” de votar en un sistema político electoral disfuncional, anacrónico y corrupto.

Alimentado por los medios de comunicación criollos, el sistema electoral de países que aún no hemos experimentado lo que es jugar con los dados cargados nos siguen imponiendo gobernantes impopulares, alienados y vende patrias. A no ser por algunos países suramericanos que están recuperándo sus expresiones por manejar su propio destino, la mayoría estamos sucumbidos en este esquema electoral supérfluo, manipulable y perturbados.

Preguntan entre las compañeras del mercado, si éste partido se aliará con aquél? Cuando el asunto es que sólo formamos parte de su piñata en donde arlequines se juegan el rol principal detrás del telón. Y continuamos entregando nuestro patrimonio a las mismas transnacionales, con la diferencia que asoman nuevas que les salpican el trasero y se retuercen por no tener la libertad de imponer sus deseos de eterno enriquecimiento.

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21 años de paz

unmundomashumano:

Que fácil es repintar las paredes

Qué fácil es ver las hojas caer

Reímos con los ojos cerrados

Mientras ignoramos los susurros y murmullos

Las sombras de crecientes montañas

Todo esto

Me trae recuerdos distantes

Memorias que nunca viví

Pero que aun así conozco

Heridas que nunca sangraron

Pero cuyas marcas ahí siguen

Senderos los cuales

Prometimos nunca  volver a embarcarnos

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Cómo hacer política y no morir en el intento

Coerción - Douglas Rushkoff

El tema acarrea opiniones encontradas. El libro lo leeremos más adelante. Pero,

Primero: Hacer política no es hacer proselitismo. Si hasta ahora lo único que has hecho es defender colores, banderas o individuos, simplemente has respondido como un instrumento en favor de los manipuladores de masas.

Segundo: Hacer política no es “sudar la camiseta”. Si crees que ocupar un cargo público es porque lo mereces, por tu “lealtad” a un partido político o porque te consideras “intelectual”, ya te paseaste en tu descendencia. Solo morir te falta.

Tercero: Hacer política es actuar como un/una ciudadano/ciudadana que asume su responsabilidad en el territorio de su influencia, llámese, región/estado, cuenca/microcuenca, desde la perspectiva de la cosa del Estado o del medio ambiente.

Ya deja de “depositar tus esperanza” en un sistema caudillista. O continuaremos hasta 400 años en este esclavismo “esperando” a que venga el libertador. Deja de buscar en otros las respuestas que tu estas comprometido a dar y no necesariamente debes dar “grandes” respuestas a “grandes” problemas, sólo tienes que dar un paso pequeño: Si algo que hace algún funcionario público o artista de la política, escríbele educadamente una carta, ahora tenemos la ventaja de que casi todos han abierto cuentas en redes sociales. Prueba siendo muy educado/educada. Esto se llama Contraloría Ciudadana .


Existen varios recursos para hacer política y no morir en el intento. En este espacio estaremos abordando experiencias positivas y no tan positivas, porque no existen las negativas, todas al fin y al cabo son experiencias.

  1. Ejerce tus derechos. Nadie puede ejercer coerción al menos que tu se lo permitas. Por ejemplo, pedirte “contribuciones voluntarias” a cambio de conseguir un contrato. 
  2. Tu no estás obligado a participar en las opiniones que los medios te piden en sus supuestas consultas a la opinión pública. Ellos son los principales manipuladores y jamás publicarán tus opiniones en forma transparente.
  3. La participación no se limita a ejercer tu voto en unas elecciones. Puedes enriquecer mejor en forma directa haciendo una contraloría a tus gobernantes locales o nacionales
  4. No necesariamente los debates en las redes son propositivos. La abstención también es un derecho, y no porque no te importe algún tema, sino porque resulta prudente informarse mejor antes de emitir una opinión.
  5. Ponte en acción. Tus deberes como ciudadano no los pueden amordazar. Tenemos libertad de recorrer todos los espacios, incluso, como una manifestación pública y nadie, mucho menos los pequeños oligarcas conductores de automóviles pueden reprocharte nada.
  6. Siempre, siempre, siempre, has uso de tus derechos consuetudinarios; éstos están sobre cualquier ley. Revisa, el derecho internacional, también éstas están sobre cualquier Estado.

Los períodos electorales resultan efervecentes para hacerte creer que tu participación ciudadana sólo puede ser canalizada en institutos políticos. Eso sólo es sostener una oligarquía de politiqueros  ambiosos, oportunistas, que conocen el negocio de los votos y los residuos.

#nolesvotes

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